Exposición Colectiva | 2da Edición Instantáneas Literarias: Il Libro Nero (El Libro Negro) de Giovanni Papini

La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…
— Octavio Paz.
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La Ciudad.

Del lat. civĭtas, -ātis.

1. f. Conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas.

Pocas veces, dentro de la pesada y rígida rutina diaria, hacemos una pausa, detenernos un momento y abrir nuestros sentidos ante lo que nos rodea. ¿En qué estamos inmersos? Divisamos nuestro alrededor y encontramos, lo que suponemos, es el resultado del desarrollo urbano a través de los siglos, el auge impulsado por nuestros antepasados, el progreso materializado en construcciones y vialidades; esfuerzos siempre en busca del incremento de la industria, el comercio y los servicios.

Después de estar sentado un rato, observando, uno se hace preguntas: ¿Quién tuvo esta idea de cubrir el pasto y la tierra con esa sustancia oscura, sucia y sofocante que llaman asfalto? ¿Quién fue aquel que ordenó rellenar aquel rio con tierra, sellarlo con concreto y privilegiar a los automóviles circulando sobre el? ¿Quiénes son esos que con fuego y acero desaparecieron flora y fauna para abrir paso a construcciones y vialidades? ¿Cómo ocurrió toda esta transformación? ¿Qué seres ocupaban ese espacio en el que hoy cinco oficinistas pasan diez monótonas horas diarias frente a un monitor? ¿Qué historias permanecen ocultas frente a nosotros todos los días al transitar por la ciudad?

La contemplación ha sido practicada desde tiempos inmemoriales por la humanidad. Es precisamente la contemplación del entorno la que nos vuelve más conscientes de nuestra realidad (y la de los demás), es ella la que nos permite amplificar la mirada y entre muchas otras cosas nos posibilita el entendimiento del lenguaje de todos estos entes que se presentan a diario ante nosotros. Comprender nuestro entorno es el primer paso hacia la construcción de una sociedad más justa y equitativa. La ciudad no es más que una manifestación extremadamente compleja del pensamiento colectivo de los individuos.

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El individuo.

La sociedad y en particular la ciudad, es el producto de la suma de todas las individualidades. No se entiende el uno sin el otro.

La construcción de las ciudades como las conocemos hoy en día no son sino improvisados, apresurados y lastimosos procesos, llenos (en su gran mayoría) de duras transformaciones ocasionadas por la lucha del sinfín de intereses de individuos y grupos sociales.

Es necesario que cada uno de estos individuos tenga conciencia del contexto en el que está inmerso, es decir, entender el todo. Cada rincón de la ciudad relata una crónica, los edificios narran una historia, el mundo está hecho de memorias.

Instantáneas literarias busca ser una pequeña demostración de ese todo (libro-ciudad) conformado por cada una de las individualidades (capítulo-individuo)en las que, para deducir de mejor manera la intención del escritor (entorno), y sin dejar de lado las vivencias personales que hacen revolotear en nuestra imaginación el fragmento del relato, es necesario examinar el antes y el después de la narrativa en curso, eso nos brindará los elementos necesarios para componer una más clara interpretación de la narrativa (realidad).

Carolina H. Franco | Antonio V. Legaspi 

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El Mundo.

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. El mundo es eso -reveló- Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Eduardo Galeano.

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